Cuaderno sonoro # 3. De chicas y grupos.

Escribí este texto participando en un taller de escritura de Helvéticas. Todo empezó en una intervención dentro del programa de radio Barrio Canino. Hoy lo comparto y brindo por el debate. ¿Nos ponemos a ello?

Estábamos en plena entrevista. Mis orejas ardían bajo los cascos, y los nervios habían ido poco a poco soltándose. Las risas, las miradas amables, la rapidez del ritmo, y ese micrófono delante de mi boca. Bueno, dinos qué opinas, ¿te parece que hay machismo en el mundo de la música independiente? Me paraliza la gigante pregunta. Uf – digo– eso es algo a lo que no se puede responder así rápidamente. Pero sí, claro que hay machismo. Enseguida pienso en mis compañeros de grupo, de ensayos, de mil aventuras y desventuras. Y me preocupo un poco. No quiero hacerles daño. Pero igual que yo misma no estoy exenta, mis compañeros y mis amigos tampoco. Que yo sepa, no existe tal coto libre de machismo, ese reducto donde mujeres y hombres no arrastramos ni ejercemos convenciones tan dominantes en el resto de espacios. Y con esto no hablo del término en un sentido burdo que ni yo ni mi círculo de confianza consentiría de ninguna forma. Mis amigos lo son porque me tratan bien. Pero para empezar, hay que reconocer la evidencia. Las mujeres somos minoría en los locales de ensayo, en los escenarios. O por lo menos lo hemos sido casi toda la vida y ahora parecemos asistir a un cambio.

Me cuesta mucho nombrar los desafíos que yo, como cualquier otra mujer, enfrento en la cotidianidad del hacer musical a escala casera (que es la única que conozco de cerca). Pero algo dentro de mí sabe que esto es así. Y al hilo de Elena Cabrera, es algo de lo que hay que hablar, por la cuenta que nos trae. Y no es fácil. Porque todo esto va mucho más allá de que mis compañeros me valoren, me quieran, me traten de igual, me consta que así es. Hay ciertas preguntas, bien golosas, a las que habría que hincar el diente. Cuestiopunkmarilynnes que van desde obviedades como ¿Si no me visto sexy o estrambótica para actuar, soy menos apetecible incluso artísticamente? ¿Una bajista es deseable porque es una virtuosa del “sin trastes”, o lo es por su rareza, como lo serían un leopardo de las nieves? Que conste que no pretendo deserotizar la música, que para mí, es pura sensualidad, pero hay ciertos imaginarios que presionan a la hora de desplegar nuestra auténtica personalidad artística. Otras preguntas se entrelazan en sutilezas como ¿Si en nuestros debates tiendo a escuchar más que a hablar, ¿es por mi forma de ser o porque en ambientes con exceso de hombres es mucho más difícil meter baza y me he acostumbrado? o, si en algún momento he sentido que soy poco insistente en aportar mi yo musical en el grupo, ¿es una forma de enriquecer al proceso colectivo o de mantenerme más cómodamente en segundo plano? ¿esto me da igual o me molesta? Existen también temones que quisiera compartir con otras chicas como, por ejemplo, ¿nos gusta ser diferentes al resto? ¿Originales, no asociadas a lo tradicionalmente femenino? ¿Por qué? ¿Cómo hacer música puede no pertenecer al espacio de las mujeres y/o suponer salirse la norma en algún momento? Porque asumir que la música está más alejada de la órbita femenina de forma natural me parece una teoría esperpéntica.

Y con permiso, un paralelismo. Chimamanda Ngozie Adichie, quien en su última novela escribe sobre el racismo y la negritud, abre la siguiente pregunta para desarmar el discurso de los blancos que niegan el racismo: al no haber conseguido ese trabajo, haber recibido un mal trato en una tienda, etc…¿cuántas veces te has preguntado que esto se debía al color de tu piel? Hago un poco esta llamada para que los hombres que lean este texto entiendan nuestra inquietud. A mis queridos compañeros con los que espero seguir compartiendo muchos años, ¿alguna vez, para cualquier cosa relacionada con algunas de las preguntas lanzadas, habéis pensado que el ser hombre pueda tener algo que ver? Yo sí. Aquí y en casi todo lo que hago. No es paranoia, no es autocomplacencia, ni es mirarse el ombligo. Es que las mujeres, en la música y en otros tanto lugares, aún vivimos en la frontera.

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